domingo, 17 de mayo de 2020

Escuchando a mi cuerpo: el proceso de enfoque corporal

A lo largo de nuestra vida muchas veces nos encontramos ante situaciones en las que
no sabemos qué hacer, desde algunas más triviales, “no se si ponerme esta ropa o
esta otra”, hasta aquellas que pueden tener una mayor trascendencia en nuestra vida,
como decidir qué carrera quiero estudiar o elegir una pareja. Sin embargo en todos los
casos, aunque aparentemente no sepamos qué es lo que queremos, en el fondo si lo
sabemos, nuestro cuerpo lo sabe y no tenemos más que prestarle atención y escuchar
lo que nos quiere decir para tomar la decisión que es mejor para cada uno/a de
nosotros/as. Este proceso los niños/as saben hacerlo de una manera natural y los
adultos podemos reaprenderlo, de hecho muchas veces lo hacemos sin darnos cuenta.
Por ejemplo, imaginemos que estamos en el tren, sentados en nuestro asiento
esperando a que arranque, sin embargo tenemos la sensación de que olvidamos algo
importante pero no sabemos qué es, a la vez notamos en el cuerpo un cierto
desasosiego. Y de repente recordamos lo que es, “¡la llaves de casa!”, y en ese
momento notamos en el cuerpo como una sensación de alivio. Lo que ha ocurrido es
un proceso que nos ha permitido acceder a lo que tenemos en nuestro interior:
Intuimos corporalmente (desasosiego) lo que hay aunque aún no “recordamos” de
que se trata, pero al encontrar el significado (he olvidado las llaves) de esa sensación
corporal se produce un cambio en nuestro cuerpo (alivio). A este proceso le llamamos
“focusing” o proceso de enfoque corporal.
Dentro de mi cuerpo están los significados de mi ayer (mis experiencias pasadas), los
significados de mi futuro (mis proyectos), todos ellos sentidos en mi presente, en mi
aquí y ahora, relacionados con mis experiencias. Están en esa zona limítrofe entre lo
inconsciente y lo consciente. El focusing nos permite acceder a todo ello, a lo implícito
que tenemos en nuestro interior, a nuestra fuente. Y, además, al conseguir otorgar
significado a esa sensación corporalmente sentida que surge como globalidad, el
cuerpo nos indica un nuevo pasa hacia delante. Nos enseña el camino hacia donde
dirigirnos.
Para que este proceso experiencial se dé, es preciso que haya una cierta actitud por
parte de la persona que esta enfocando, una actitud de amabilidad, bienvenida y
saludo a todo lo que llega, de aceptación de todo lo que hay. Sería algo así como una
aceptación incondicional con uno/a mismo/a. Se trata de crear un espacio interior, de
seguridad, en el que la persona puede sentir que es más que sus problemas, un
espacio en el que se des-identifique de estos.
Volviendo al comienzo de este artículo, cuando estamos ante una situación en la que
no sabemos qué hacer y eso nos causa desasosiego o incluso angustia o ansiedad,
podemos mirar al interior de nuestro cuerpo, con una actitud amable y cariñosa hacia
nosotros/as mismos/as y ver que hay relacionado con “todo eso que nos esta
pasando”, escuchando con amabilidad, paciencia y curiosidad a nuestro cuerpo,
dejando que se genere la sensación corporal relacionada con ”todo eso” que estamos
enfocando y después de estar con esa sensación un rato, dándonos cuenta de cómo es
le preguntamos, cómo nos hace sentir todo esto y miramos a ver si la respuesta que
nos da nuestro cuerpo resuena con la sensación y cuando por fin encaja, notamos un

cambio corporal y sentimos como un alivio al haber dado por fin con el significado que
estaba implícito (tal vez había miedo a equivocarme, tal vez tristeza, rabia, una mezcla
de ambas…), y eso produce en nosotros/as un ir hacia delante, genera un proceso
corporal que cambia la sensación, nos autopropulsa y nos enseña el camino hacia
donde dirigirnos. Y para finalizar el proceso, agradecemos a nuestro cuerpo todo eso
que nos ha mostrado y lo guardamos en un sitio seguro, protegido de juicios y
valoraciones, para poder volver a ello cuando queramos.
Esto sería, aproximadamente, la descripción de un proceso de enfoque corporal o
focusing.
Este proceso se facilita si se hace acompañado por otra persona. Si hacemos
“autofocusing” podemos llegar a sentir la sensación sentida… a encontrar un
significado… sin embargo el profundizar en el proceso experiencial realmente se
produce en la interacción con el/la otro/a… sintiendo su presencia, su aceptación, su
validación… Muchas veces no podemos sentirnos con nosotros/as mismos/as, con una
mirada amable, de aceptación, sin juzgar… y necesitamos ese estar en presencia de la
otra persona…con su mirada amable y de aceptación hacia lo que nos viene y que nos
diga: “¡Claro que puedes sentir eso!
Así, el focusing permite aprender a aceptar lo que es, sin juicio de valor, saludándolo…
nos ayuda a relacionarnos con aquellos aspectos nuestros que menos nos gustan.
Gendlin, el “padre” del focusing, decía: “Lo que es verdad, ya lo es. El admitirlo, no lo
hace peor”. Y ciertamente es así, el focusing nos permite conectar con nuestra fuente
interna y esto hace que nos sintamos más en contacto con nosotros/as mismos/as y
más auténticos/as.

Recuerdos

Recordaba con cierta añoranza aquellos veranos en Laredo en casa de sus abuelos. Tenía 11 años recién cumplidos y se pasaba todo el mes de julio en aquella casa. Sus padres se quedaban en Madrid y a su hermana mayor la mandaban a Oviedo, a casa de sus otros abuelos, los padres de su madre. La casona de Laredo era muy grande, y estaba a las afueras de pueblo. Tenía dos plantas, abajo estaba la cocina que es donde hacían la vida porque tenía una estufa de leña que le daba un ambiente muy acogedor, daba gusto estar allí. Su habitación estaba en la planta de arriba y de ella sobre todo recordaba la cama en la que dormía, tenía un colchón de lana de 1,20, y, acostumbrada al “Pikolín” de 80 que tenía en su casa, se sentía como en aquel cuento en el que una princesa se tumbaba sobre un montón de colchones con un guisante debajo, pero no lo notaba, justamente porque era una princesa de verdad. Si, realmente se sentía así, pero, sobre todo, arropada por ese colchón se sentía a salvo.... No tenía que madrugar para ir al colegio, ni intentar hacer amigas para no estar sola en el recreo, ni tenía que avergonzarse de tener pelos en las piernas, porque ella con 10 años y medio ya tuvo la regla y empezó a salirle vello antes que a las demás niñas. Tampoco tenía que enfrentarse a la profesora de inglés, que le preguntaba la lección delante de toda la clase y como no era capaz de decir ni una sola palabra en inglés porque le daba mucha vergüenza, le ponía un cero con lengua, si, así como suena. Todavía la recuerda, era muy fea y muy alta y a ella le hacía sentir muy pequeña y sobre todo, muy tonta.

Cuando se levantaba, su abuela, a la que ella llamaba abuelita desde pequeña, ya le tenía preparado un apetitoso desayuno a base de cola cao y un montón de sobaos, de esos de mantequilla que a ella tanto le gustaban. Su abuela siempre le decía que tenía que comer mucho, para tener fuerzas para todo lo que tenía que estudiar cuando volviera al colegio y mientras desayunaba, la mirada con orgullo. Siempre supo que de todos sus nietos ella era su preferida. El resto del día, la niña no tenía más que hacer que dejarse mimar y como a su abuela no le gustaba salir de casa, ella cogía algún libro de los que se había traído de Madrid y se ponía a leer.

Aquel verano, una tarde mirando la librería que había en el salón de la casa, le llamó la atención un libro que tenía las tapas muy desgastadas, pensó que lo habrían leído muchas veces y que seguro que estaba bien. Aún hoy recuerda de que trataba y sobre todo se acuerda del protagonista, un niño de unos 11 años que repartía periódicos para ganarse la vida y vivía en una casa el solo desde que había muerto su madre. Un día encontró una niña sentada en una esquina, parecía que la hubieran dado una paliza y aunque debía tener unos 6 años no podía andar, así que él la cogió en brazos y se la llevó a su casa. El libro narraba las peripecias de este niño que poco a poco, se iba convirtiendo en un héroe para esa niña, a la que cuidó y alimentó hasta que pudo volver a andar. Como disfrutaba leyéndolo, se emocionaba y sobre todo le hacía fantasear con que ella también se convertiría en una heroína, fuerte y valiente. Su otra abuela, la madre de su madre, siempre decía que era una cobarde, porque no se atrevía a ir a la tienda ella sola a comprar y ella le contestaba, llorando de rabia que no, que lo que le pasaba es que le daba mucha vergüenza.

Hacía mucho de aquello y ahora echaba de menos ese colchón que la protegía… Tenía 40 años, y aunque había dedicado toda su vida a estudiar y después a trabajar, le seguían gustando los libros de aventuras y también de amor, aunque no había tenido mucha suerte en esto último, la verdad. Su mejor amiga, a la que había conocido en la carrera, siempre le decía que era demasiado exigente y soñadora y que así no iba a encontrar a nadie. Seguramente fuera cierto, pero a ella no le importaba mucho, lo que más le seguía gustando en este mundo era refugiarse en su casa con un cola cao bien caliente, su mantita y buen libro.


25 de abril

Ya han pasado más de cuarenta días… Estoy en la pérgola, escribiendo tranquila después de la meditación. Hoy me ha venido bien, necesitaba parar y conectarme un poco conmigo. El está aquí a mi lado pintando, casi todos los días pinta. Me gusta estar aquí a su lado, aunque no quiero que me hable porque estoy concentrada, pero con su presencia me vale. En cierta manera es estimulante y me da un punto de realidad a mi día a día. Lo estamos llevando bastante bien pero el otro día discutimos por una tontería y nos acostamos sin darnos un beso de buenas noches. Odio hacer eso, pero estaba muy enfadada, aunque no consigo acordarme de porqué.
Me encantan los días que hace bueno porque así podemos comer en el jardín, me encanta comer los cuatro juntos. Los momentos de las comidas son los únicos momentos del día que estamos los cuatro juntos,
Esta tarde, después de comer me he puesto a ver un rato la televisión y mientras, el ha estado haciendo fotos a los mirlos que hay en el jardín. Creemos que han anidado encima del laurel o entre la enredadera. No queremos mirar porque ya otra vez, hace años, lo hicimos y abandonaron el nido.
Hago una pausa para aplaudir.  Hoy en el edificio que hay cerca de casa han cantado el cumpleaños feliz a alguien y después han seguido con la fiesta musical, el resistiré y música infantil. Debía ser el cumpleaños de algún niño. La verdad es que me encanta. En mi edificio no hay demasiada marcha, salimos a aplaudir y ya, aunque el otro día pasó la policía con las sirenas a todo gas y dando ánimos y me emocionó. También me ha contado mi hijo que el otro día fue el cumpleaños de su amiga Bea y la policía le felicitó por los altavoces porque su madre se lo había pedido. La verdad es que esto del confinamiento está sacando la imagen más tierna de la policía y eso me gusta porque conozco a algunos de ellos y a veces me duele cómo les tratan, bueno solo a veces, porque siendo sincera la policía no ha sido nunca santo de mi devoción, deben se reminiscencias de haber vivido de la etapa postfranquista cuando corríamos delante de los grises y la policía representaba los estamentos más represivos del Estado.

Siguiendo con los mirlos del mi jardín, tengo que decir que para mí es muy agradable quedarme observándolos tranquilamente. Yo creo que ya se han hecho a nosotros porque campan a sus anchas por el jardín sin ningún pudor, bueno supongo que ha hecho mucho la cantidad de alpiste que les ponemos cada día. Antes, hace años, tuvimos canarios porque a Pisto siempre le han gustado y además fue muy bonito que los niños vieran todo el proceso de la crianza, desde que hacían el nido, ponían los huevos y después como salían los polluelos del huevo. Una vez pusieron tres huevos y estábamos emocionados esperando a que salieran, pero al final dos de ellos se rompieron. Nos dio mucha pena, sobre todo a los niños, menos mal que por lo menos vimos nacer a uno de ellos y era muy bonito ver como los canarios alimentaban a sus polluelos. Se llamaban Manchitas y Blanquita aunque a sus hijos nunca llegamos a ponerles nombre. A el le encantaba salir a oírle cantar, me está diciendo ahora, pero tuvieron una desaparición muy trágica para nosotros. Un día 6 de junio, me acuerdo porque era mi cumpleaños, dejamos la jaula, que era bastante grande, con los canarios en el jardín, apoyados en el césped, pensando que así estaban más cerca de la naturaleza, a mí siempre me dio pena tenerles en una jaula y así me parecía que eran más libres, supongo. El caso es que al rato me asomé al jardín a verles y me quedé totalmente aterrada, entré en casa gritando que había una serpiente verde muy grande dentro de la jaula, todavía puedo verla si cierro los ojos. Cuando salió Pisto se encontró efectivamente con una serpiente verde, con dos engrosamientos en su cuerpo y un canario muy quieto y callado en la parte de arriba de la jauja. Se había comido a Blanquita y a la cría y no podía salir de la jaula por los dos engrosamientos que tenía. Llamamos a la policía municipal y nos dijeron que mandarían una patrulla verde en cuanto pudieran que tenían a todas en la casa de campo, pero que no se nos escapara la serpiente que tenían que ver de qué tipo era por si era un ejemplar peligroso o protegido. Como ya estaba abierta la piscina de casa, entraron los vecinos a la llamada de la serpiente y de unas cervecitas que sacamos para hacer menos tediosa la espera, Me acuerdo que uno de ellos bajó un machete por si se escapaba y atacaba, otro decía que tenía un hacha. Yo, a todo esto, estaba atrincherada dentro de casa, no fuera a atacarme la serpiente por sorpresa. Y así iba pasando la tarde, entre cervecitas y aventuras del tipo “me acuerdo cuando una vez me encontré en el campo con una víbora...”, eso sí, mi marido y varios vecinos todos alrededor de la jaula, por eso nunca entenderemos como de repente la serpiente, tras regurgitar a los dos pajarillos que se había comido, se escapó sin dar tiempo a coger machetes, palos o la famosa hacha que se bajó el vecino del tercero. Desde entonces preferimos alimentar a los mirlos y gorriones que vienen cada primavera a visitarnos a nuestro jardín.

Escuchando a mi cuerpo: el proceso de enfoque corporal

A lo largo de nuestra vida muchas veces nos encontramos ante situaciones en las que no sabemos qué hacer, desde algunas más triviales, “no s...